Luego de 10 años de un proyecto cargado de corrupción, período en que se dilapidaron miles de millones de dólares, sin mayor beneficio para la mayoría de la sociedad, aventura que terminó hipotecando al país, por el crecimiento insostenible del aparato burocrático y un endeudamiento de tal agresividad que comprometen los recursos del país por décadas, lo volvió un proyecto insostenible, sin visión de largo plazo y sin consenso en el conjunto del pueblo.
Dio paso a un gobierno auspiciado por el régimen que fenecía, es el representado por Moreno y Glass, que desde su inicio traicionó a sus adláteres, sin embargo el corazón de la organización corrupta permanecía intacta. Además el nuevo gobierno se caracterizaba por su falta de definición ideológica, sin un programa y principalmente por su mediocridad. Fue en esa indefinición que de un momento a otro mostró su verdadero rostro el de un gobierno neoliberal al servicio de las clases dominantes de banqueros, industriales y grandes comerciantes, en los que fincaba el futuro del pueblo.
El gobierno de Moreno, traicionó su ideología, si alguna vez la tuvo y fue desleal con quiénes lo impulsaron, entregó el país a los saqueadores del planeta, a los responsables del proceso de extinción de la vida y de la naturaleza, de aquellos que privilegian el negocio sobre la vida, empobreció a los ciudadanos ecuatorianos. Las transnacionales volvieron a sonreír, los mineros que arrasan la tierra de plácemes y los fondos multilaterales como el fondo monetario internacional, de vuelta a imponer sus programas de miseria y sacrificio para el pueblo y de bonanza para el capital.
Un gobierno de miseria.